OMIE ya ha confirmado la fecha. El martes 22 de septiembre, después de una intervención técnica prevista a partir de las 21:59, el mercado intradiario continuo comenzará a operar con 96 cierres diarios. El nuevo modelo se aplicará por primera vez a la energía entregada el miércoles 23 de septiembre.
Cuando analizamos la aprobación de las 96 rondas del mercado intradiario, todavía faltaba conocer la fecha de puesta en marcha. Ahora OMIE la ha confirmado.
En una frase: desde el 22 de septiembre de 2026, el mercado intradiario continuo operará con 96 cierres diarios, uno cada 15 minutos. La negociación cuartohoraria ya existía; la novedad es que cada periodo podrá negociarse hasta 60 minutos antes de la entrega.
La Instrucción 4/2026 de OMIE fija el calendario y la intervención técnica. La resolución de la CNMC publicada en el BOE explica el alcance operativo del cambio.
Qué cambia realmente el 22 de septiembre
Hasta ahora, el mercado intradiario continuo cerraba una ronda cada hora. Aunque los agentes ya podían negociar productos de 15 minutos, la actualización de los programas se producía con 24 cierres diarios.
Con el nuevo modelo habrá 96 cierres al día. Cada periodo de entrega de 15 minutos podrá negociarse hasta 60 minutos antes de su inicio. El cambio aproxima la frecuencia de negociación y programación al ritmo real con el que varían el consumo, la generación renovable y la operación de activos flexibles.
Cierres diarios
Un cierre por hora, aunque la negociación de productos cuartohorarios ya estaba disponible.
Cierres diarios
Un cierre cada 15 minutos y posibilidad de ajustar cada periodo hasta una hora antes de la entrega.
La clave: no cambia la duración mínima del producto; cambia la frecuencia con la que se cierran y actualizan los programas.
A quién afecta de forma directa
El cambio operativo afecta directamente a comercializadoras, representantes, operadores de mercado, agregadores y gestores de baterías o generación que participan en el intradiario continuo. OMIE indica, además, que los agentes conectados mediante LTS deberán utilizar la nueva versión del cliente después de la intervención.
Para la mayoría de las empresas consumidoras, el efecto será indirecto. Su comercializadora o representante será quien opere en el mercado y gestione las correcciones de posición. Por eso, el impacto económico no puede darse por supuesto: dependerá de cómo se trasladen los desvíos en el contrato y de la capacidad del proveedor para utilizar las nuevas rondas.
Qué deben dejar preparado las empresas
La mayoría de las empresas no tendrá que hacer ninguna actualización técnica en OMIE. Esa adaptación corresponde a comercializadoras, representantes y agentes conectados directamente con el mercado. Pero eso no significa que el cambio deba pasar inadvertido: hay cinco cuestiones que conviene revisar.
01 Preguntar a la comercializadora cómo utilizará las nuevas rondas
No basta con preguntar si está preparada técnicamente. Conviene saber:
- con qué frecuencia actualiza la previsión de consumo;
- cómo corrige su posición cuando el consumo real se separa de lo previsto;
- cómo se trasladan los costes de desvío al contrato;
- y si una mejor gestión intradiaria puede reflejarse en las condiciones económicas del cliente.
Esto es especialmente relevante en contratos indexados o con conceptos de ajuste y desvío trasladados de forma explícita. En un contrato a precio fijo, el efecto puede estar incorporado dentro de la prima de riesgo y resultar menos visible.
02 Medir cuánto se separa el consumo real de la previsión
La pregunta central no es únicamente cuánto consume la empresa, sino cuánto se desvía respecto a lo previsto para cada cuarto de hora.
Para calcularlo hacen falta la curva cuartohoraria real, la previsión utilizada por la comercializadora o el representante y un histórico suficientemente amplio. También conviene identificar qué provoca los errores recurrentes: cambios de turno, arranques, paradas, climatología, producción o incidencias.
Sin esa comparación, la empresa no puede saber si las 96 rondas representan una oportunidad real de ajuste o simplemente un cambio que gestionará su proveedor.
03 Inventariar la flexibilidad de los procesos
Las cargas desplazables no deberían documentarse solo como una lista de equipos. Para cada proceso conviene determinar:
- cuánta potencia puede reducirse o desplazarse;
- durante cuánto tiempo;
- con qué preaviso;
- qué restricciones productivas existen;
- qué efecto rebote aparece después;
- y cuál es el coste operativo de intervenir.
Frío industrial, bombeo, hornos con inercia, climatización o recarga de flotas pueden aportar flexibilidad, pero únicamente si puede medirse y activarse sin comprometer la producción.
Este inventario será el punto de partida para una futura conversación con una comercializadora, un representante o un agregador.
04 Revisar la estrategia de las baterías
Si la empresa dispone de almacenamiento —o está evaluando instalarlo— debe comprobar si la estrategia de carga y descarga puede actualizarse con señales cuartohorarias o si continúa limitada al programa fijado el día anterior.
También hay que aclarar quién toma la decisión, qué precios utiliza, cómo se comunica la orden al activo y a través de qué agente llega la batería al mercado. Disponer del equipo no equivale automáticamente a poder operar en el intradiario.
En nuestro análisis sobre cuándo comprar energía de la red y cuándo utilizar una batería industrial explicamos por qué su rentabilidad depende tanto de la estrategia de operación como del propio dimensionamiento.
05 Definir quién recibe el dato y quién puede actuar
Tener información cada 15 minutos sirve de poco si llega al día siguiente o si nadie tiene autoridad para responder.
La empresa debería definir quién revisa las desviaciones, quién recibe una alerta, qué decisiones pueden automatizarse y cuáles necesitan validación. El cambio no es solo tecnológico: también exige ordenar responsabilidades entre energía, producción, mantenimiento y compras.
Con 96 cierres diarios habrá más oportunidades para corregir una posición, pero no se producen ahorros automáticos. El resultado dependerá del contrato, de la calidad de la previsión, de la flexibilidad disponible y de la capacidad del representante para actuar en el mercado.
La mirada PowerCloud
Pasar de 24 a 96 cierres no convierte automáticamente los datos en decisiones. Para aprovechar una ventana de ajuste hay que disponer a tiempo de la curva de consumo, la previsión, los desvíos y las variables que explican cada cambio operativo.
PowerCloud permite reunir esa información en un mismo entorno, trabajar con datos cuartohorarios y detectar dónde se separa el consumo real de la previsión. Así, la conversación con la comercializadora o el representante parte de evidencias y no de promedios mensuales.
Las 96 oportunidades diarias de actualización sirven de poco si el dato llega tarde, incompleto o sin contexto.






