Séptima entrega de la serie sobre Certificados de Ahorro Energético (CAEs), y tercer caso tipo. Tras los procesos homólogos y la mejora operativa sin inversión, hoy toca el caso más físico de todos: la energía térmica que tu proceso expulsa cada día — por la chimenea de la caldera, en los humos del horno, en las purgas de vapor, en el aire caliente de los compresores — y que en muchas plantas es recuperable con tecnología madura. Es el caso tipo con las inversiones más tangibles de la serie, y también uno de los que mejor encajan en un expediente CAE por modalidad singular… si los datos acompañan. Vamos a ello.

El caso de planta

Imagínalo en tu instalación. Los humos de un horno salen a varios cientos de grados y ese calor podría precalentar el aire de combustión o la carga que entra. La caldera de vapor purga agua caliente que podría precalentar el agua de alimentación con un economizador. Los compresores de aire convierten en calor la mayor parte de la electricidad que consumen — calor que puede climatizar una nave o alimentar agua caliente sanitaria e industrial. Los condensados de vapor vuelven fríos al circuito cuando podrían volver calientes.

En cada uno de esos puntos hay una tecnología de recuperación madura: economizadores, recuperadores aire-aire, intercambiadores de placas, recuperación de calor de compresores. La ingeniería está resuelta hace décadas. Lo que suele fallar no es la técnica: es la cuenta — cuánta energía hay realmente ahí, cuánta es aprovechable, y cómo demostrar después el ahorro para monetizarlo.

Por qué encaja en CAEs — y qué lo complica

Encaja porque una recuperación de calor bien ejecutada genera un ahorro de energía final grande, permanente y físicamente evidente: hay un equipo nuevo instalado y un consumo de combustible que baja. Con el precio del CAE de referencia en el rango de los 115-140 €/MWh y la reforma en tramitación consolidando el sistema, una recuperación que ahorre algunos cientos de MWh térmicos al año suma una cifra relevante al retorno del proyecto — encima de lo que ya ahorra en combustible.

Lo complica una particularidad de este caso: el ahorro es térmico, y el dato térmico casi nunca está medido. La electricidad la mide el contador de la distribuidora aunque tú no mires; los caudales de humos, las temperaturas de proceso, el vapor y los condensados solo se miden si alguien instaló medida. Y sin medida del «antes», la línea base del expediente se construye sobre estimaciones — que es exactamente donde los verificadores aprietan.

Las cuatro medidas que deciden el expediente

De los proyectos de recuperación que llegan bien al CAE, el patrón es constante: se midió antes de invertir. Cuatro variables, por orden de importancia:

  1. El caudal y la temperatura de la corriente a recuperar (humos, purgas, aire caliente): son la energía disponible. Sin ellas, el dimensionamiento del recuperador es un acto de fe y la línea base también.
  2. El consumo de combustible del equipo afectado, con su propio contador o medidor — no el general de planta. El perímetro de medida tiene que ceñirse a lo que la actuación cambia.
  3. La variable de actividad que explica el consumo: toneladas procesadas, horas de horno, vapor producido. Es lo que permite demostrar que el ahorro es de la actuación y no de una caída de producción.
  4. El destino del calor recuperado: dónde se aprovecha y cuánto sustituye. Un recuperador que capta calor sin demanda que lo absorba genera números bonitos en la memoria y decepciones en la factura.

Con esas cuatro series registradas durante unos meses antes de la inversión, el expediente por modalidad singular —línea base, plan de medida y verificación, ahorro certificable— se arma con solidez. Sin ellas, se improvisa.

Qué pueden hacer las empresas

Inventariar las corrientes térmicas de la planta — una tarde de trabajo con mantenimiento: qué sale caliente, por dónde, a qué temperatura aproximada y cuántas horas al año. Es el mapa del tesoro, y la mayoría de plantas no lo tiene dibujado.

Instalar medida en las dos o tres corrientes más prometedoras antes de pedir ofertas de recuperadores. Unos meses de datos convierten la oferta del proveedor en un contraste, no en la única fuente — y dejan la línea base del CAE construida de paso.

Dimensionar contra la demanda real del calor recuperado, no contra la energía disponible. El límite del proyecto casi siempre está en cuánto calor puedes absorber, no en cuánto puedes captar.

La mirada PowerCloud

Este caso tipo es, de principio a fin, un problema de dato térmico ordenado: medir las corrientes, cruzarlas con la actividad, construir la línea base, y después de la inversión, verificar que el ahorro se sostiene — con la trazabilidad que el verificador y la reforma del sistema exigen. PowerCloud integra esas medidas —temperaturas, caudales, combustible, producción— junto a la eléctrica que ya conoces, y mantiene el expediente vivo: el «antes» queda registrado, el «después» se compara solo, y la evidencia se consulta en lugar de reconstruirse.

El calor que sale por la chimenea es el único ahorro que se ve a simple vista — el aire vibrando encima del escape. Convertirlo en euros vía CAE solo pide una cosa que la chimenea no da: datos.

Próxima entrega de la serie

Queda el último caso tipo: la empresa multisede con datos dispersos — cómo priorizar dónde actuar cuando tienes diez instalaciones y un solo presupuesto. Y en cuanto se apruebe la reforma del RD 36/2023, el análisis del texto definitivo.


¿Tu planta tiene hornos, calderas, vapor o aire comprimido y nunca ha medido sus corrientes térmicas? Es el punto de partida de casi todos los proyectos de recuperación que acaban bien. Te ayudamos a hacer el inventario térmico, definir qué medir y dejar la línea base construida antes de la inversión — de modo que el CAE llegue solo. Diagnóstico de 30 minutos, sin compromiso.

Fuentes: MITECO (sistema CAE, modalidad singular); Nertio (precio CAE 2026); documento de campaña interna PowerCloud (caso tipo 3: recuperación de calor); posts previos de la serie en powercloud.es/noticias/.

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